lunes, 24 de octubre de 2016

EL DOODLE DEL DÍA

    Antoni van Leeuwenhoek consiguió convertirse en uno de los científicos más trascendentales de nuestra historia, hasta el punto de ser considerado el padre de la microbiología, pese a que lo tenía todo en contra. A diferencia de otros eruditos como Galileo Galilei, que se centraron en estudiar los cielos para descifrar el universo, Van Leeuwenhoek apostó por observar el interior del planeta y descubrió que estamos rodeados de minúsculas representaciones de vida. Tan pero tan diminutas, que no era posible apreciarlas con los microscopios que existían en su época. Así que este holandés, repetidamente despreciado por sus orígenes humildes y su falta de escolarización, se puso manos a la obra para crear sus propios microscopios con lentes extremadamente simples. En ese momento, Antoni Van Leeuwenhoek aún no era consciente de que su fascinación por las pequeñas cosas le llevaría a descubrir el maravilloso mundo de las bacterias y a convertirse en un formidable cazador de microbios.    Antoni Van Leeuwenhoek elaboró con sus propias manos más de 500 lentes, algunas de las cuales podían aumentar hasta 500 veces el tamaño original de los microorganismos. La mayoría estaban realizados con plata y cobre. Sus microscopios lo convirtieron en uno de los primeros hombres capaces de observar las células, al igual que lo hizo en su momento Robert Hooke. A Van Leeuwenhoek se le adjudican los descubrimientos de los protozoos, las bacterias, la vacuola de la célula y, según algunos expertos, los espermatozoides. 

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